11/11/2011

Un día como otro cualquiera, pero con una sonrisa


Hoy me desperté y era como un día cualquiera… sin ganas de levantarme, con mucho sueño… y como siempre en invierno-sin ninguna gana de salir al frío que me esperaba fuera del cálido cobijo de la cama. Y digo invierno, pero es que aun no ha llegado el invierno, simplemente fuera hace tanto frío, que no quiero ni pensar cómo será dentro de pocas semanas…
Por supuesto, un día cualquiera, es un día laboral, un día cotidiano, un día aparentemente igual a los demás, o un día tan distinto como ninguno otro, donde cada mañana el madrugar se convierte en parte de mi ser, y no queda más remedio que salir con los ojos medio abiertos de la cueva de mis sueños, después darme una ducha caliente y rápida, esas son las dos claves de la satisfacción de una buena duchita, donde mis deseos de quedarme adormilada bajo el agua se mezclan con los de dormir, tomar un café a toda prisa o para ser exactos corriendo entre habitación y habitación, y aquí detallo que mi piso no es tan grande como para hacer jogging, y ala, salir corriendo para la parada del metro, porque a pesar de mostrar cada mañana mi atletismo y los meros intentos de tomar la distancia que en caminata normal es diez minutos hasta la parada, e intentar reducirla cada día con al menos treinta segundos, pues todo esto queda en meros intentos, como dije antes, así que siempre llego tarde al trabajo. Cabe mencionar, que de momento eso no afecta a mi carrera profesional, espero que así siga porque de no ser así, ya me veo bajando por el abismo, porque de lo contrario… tendría que madrugar… y eso sí que se me da fatal, o es más, ni siquiera se me da. Así que de momento, he encontrado el balance entre el acostarse tarde, intentar madrugar inútilmente, y que esto no afecte al resto del programa diario.
Entonces este día, el día de hoy, o simplemente lo que parecía ser un día como otro cualquiera, recobró otra magnitud para mi en pocos instantes y resultó ser… al menos empezó como un día maravilloso. Cómo acabará lo dejo en manos del destino.

Me subí al metro, y como cada mañana andaba con mi librito, pues estar parada y apretada, muerta de calor y de risa, no es lo que más me apasiona, con lo cual siempre complazco mi alma con un buen librito mientras viajo.
Pasó la primera pasada, vino la segunda.
No sé si os he dicho, pero yo me bajo en la tercera, para ser exactos, viajo siete minutos en metro, luego cinco minutos más para llegar a la oficina, más los diez minutos del principio o desde mi casa,  pues en total me lleva tan solo veinte dos minutos ir al trabajo, con lo cual…, podéis comprender por qué me cuesta tanto madrugar, y por qué me puedo permitir el lujo de llegar tarde... sencillamente soy una vaga.
Y sigo. Pasé la segunda parada, entonces ya empecé a prepararme para bajar, pero de repente me doy la vuelta y… piso unos zapatos,… los miro - zapatos normales, más bien sucios, negros, que parecían de persona mayor, entonces alzo la mirada poco a poco para disculparme a la persona, intuía por los zapatos que era hombre,… y cuando llego a la altura de su cara, que resulta que era igual a mi altura, me espera…y me complace la sonrisa más maravillosa que nunca he visto, o un chico de mi edad, guapo, simpático y alegre, que no hacía nada más que sonreírme, y era… era la sonrisa más mágica y encantadora de un chico que hace siglos que no veía, era tierna, era virgen, y era dulce al mismo tiempo, un chico precioso que francamente me enamoró,… bueno, su sonrisa.
Me disculpé, y se me salió la sonrisa a mi también porque no me contenía las ganas,… él no contestó nada, con lo cual sospecho que era extranjero, claro, si tengo en cuenta su aspecto físico, y su sonrisa tan encantadora… diríais… ¿y qué me dices de los zapatos?, ah, esos zapatos sucios, pues nada, ahora en mi ciudad está lloviendo, y hace un tiempo de otoño invernal, así que… es normal que mi chiquito tenga los zapatos sucios, ¿verdad?
Solo os pido que no me preguntéis cómo acabó la historia…
Bueno, para los más curiosos… yo me bajé en mi parada, tenía las tremendas ganas de que el chiquito se bajara conmigo, pero no me di la vuelta y ni siquiera supe si él se bajó o no…
Al fin y al cabo… me fui feliz, con un placer enorme que saturaba mi corazón y que hacía que mi alma resplandeciera, su sonrisa me cautivó y me enamoró… y entonces me dije, ¿necesito algo más para ser feliz? Una sonrisa me basta, y si cada persona sonriera al menos una vez durante el día… ¿no íbamos a tener un mundo distinto?
Esta historia es para todos vosotros para quienes una sonrisa verdadera es importante, con el deseo de que cada uno de nosotros sonría al menos una vez en el día, simplemente… ¡por un mundo mejor!

No comments:

Post a Comment